lunes, 23 de febrero de 2009

Rioja contra Ribera.


En muchas ocasiones escúchanos esta frase, mediante la cual tratan de vender algún curso de cata a personas no profesionales y con poco conocimiento de vino.
Esto no es correcto, ya que a la hora de estudiar y catar estas denominaciones hay que hacerlo por separado. Una vez hecho, habría que separar cada DO en si misma para su estudio ya que como dice el refrán “no todo lo que brilla es oro”.
En estas DO se produce vino de muy alta calidad, podría decirse que más del 50% de los mejores vinos de España nacen en estas dos regiones. Lo que hace que detrás del prestigio se escuden bodegas de bajo perfil y con vinos mediocres o de pésima relación calidad precio. Las denominaciones de origen abarcan muchos municipios y por tanto una gran diversidad de zonas climáticas y terrenos, lamentablemente no todos aptos para el cultivo de la vid y la elaboración de vino de calidad.
Estas dos zonas tienen sus vinos clásicos y de autor.
  1. Rioja clásico: Vinos de color rojo rubí o cereza, con ribete teja, aromas de fruta madura confitadas, en mermeladas o en licor, naranja, madera vieja, tabaco de pipa, cuero, especias como nuez moscada, pimienta, vainilla, clavo. En boca vinos estructurados, frescos, con buena acidez y tanino redondo.
  2. Riojas modernos o de autor: Color rojo picota, ribete granate, intensidad media alta, aromas de frutos rojos y negros, regalices, ciruela, madera nueva con notas tostadas de café o cacao, especias como vainilla, canela. En boca son carnosos, sin aristas, con un tanino agradable, buena acidez y elegancia.
  3. Ribera de Duero Clásico: Los riberas clásicos siempre fueron los claretes y de ahí evoluciono hacia los tintos que hoy conocemos, gracias al prestigio de bodegas Vega Sicilia y a pioneros como Alejandro Fernández, que en la década del 70 asombro al mundo con su Tinto Pesquera. Los actuales Riberas clásicos, tienen las siguientes características: Color rojo picota o ciruela negra, con mucha intensidad y muy cubiertos de capa. En nariz destacan aromas de frutos rojos y negros, en especial, zarzamoras, arándanos, tostados medios y fuertes, con notas de cacao y café, especias como la canela o vainilla. En boca denotan buena acidez, son frescos, vigorosos y con taninos vivos y agradables.
  4. Ribera del Duero de autor: Rojo picota o guinda, con capa media y alta. En boca destaca la fruta muy madura, frutillos de bosque rojo y negro, madera de calidad principalmente francesa, notas especiadas, cacao, torrefactos, notas balsámicas, en general vinos con mucha complejidad. En boca son muy carnosos, amplios, con mucha elegancia y estructura, con buena acidez y taninos elegantes y bien integrados.
Enfrentar estas dos denominaciones no seria objetivo, ya que son completamente diferentes. A pesar de las modernas técnicas enológicas que existen hoy en día, la tradición, las prácticas culturales y principalmente el terroir, marcaran las diferencias.

jueves, 5 de febrero de 2009

Puros Montecristo.


En días pasados viendo la película de El Conde de Montecristo, me surgió la idea de contar la relación de esta novela, con los Habanos del mismo nombre.
Todo comenzó en la Habana donde se fundo Menéndez García y Cía., una sociedad formada por dos asturianos dueños de la marca Particulares, la cual se hizo famosa mundialmente con cierta rapidez. En 1936 fue vendida a Cifuentes y Cía., propietarios de Partagas. Con los beneficios obtenidos compraron la marca H. Upmann, la que no pasaba por un buen momento, por lo que tuvieron que modernizar la fábrica y volver a consolidar la marca en el mercado. Una vez hecho y hacia mediados de 1936 dedicaron todo el esfuerzo a desarrollar la marca Montecristo.
Las fábricas de tabaco tienen una especie de nave o gran salón, donde hay filas de mesas en forma de galeras, en las que se realiza el torcido del tabaco. Al frente y en el centro se sitúa la figura del lector, que tiene la misión de leer los periódicos del día y novelas a los torcedores. Desde mediados del siglo diecinueve el lector es una figura imprescindible en la galera, que ha sobrevivido hasta nuestros tiempos. En 1935 en la fábrica, el lector leía la novela de Alejandro Dumas “El Conde de Montecristo”, la cual fascino a los trabajadores, que sugirieron dar el nombre del protagonista a la nueva marca.
La elección del nombre, el diseño de la marca, los formatos elegidos y la excelente calidad de la ligada, contribuyeron al rápido éxito de estos cigarros. Los cinco primeros modelos se denominaron nº1, nº2, nº3, nº4 y nº5, de sabor medio a fuerte y con una capa carmelita oscura.
El tremendo éxito de la marca llega hasta nuestros días, ya que el Montecristo nº4 es el cigarro más vendido del mundo, y el nº2 lleva muchos años considerándose como el mejor figurado del mercado.
Montecristo sigue siendo una referencia en el mundo entero siempre que se habla de Habanos. No existe un fumador de puros que pueda resistir la tentación de saborear cualquiera de sus formatos, y es a su vez referencia obligada para cualquiera que se inicie en la aventura de degustar un puro.